Mientras que el Valle Sagrado atrae a la gran mayoría de los viajeros que se dirigen a Machu Picchu, el Valle Sur de Cusco sigue siendo una alternativa pacífica, mística y notablemente libre de multitudes. Esta ruta, que se extiende hacia el sureste a lo largo de la carretera que conecta Cusco con Puno y el Lago Titicaca, ofrece un viaje cronológico perfecto a través de la historia andina.
En un recorrido de solo unas pocas horas, puedes pasar de explorar una metrópolis de barro construida cientos de años antes que los incas, a maravillarte con los canales de agua tallados en piedra más perfectos del imperio, para terminar el día contemplando el esplendor del arte barroco colonial. Es la excursión ideal para aquellos que buscan profundizar en la cultura andina sin el ritmo acelerado del turismo de masas.
Ubicado a solo 23 kilómetros de la ciudad de Cusco, Tipón es una obra maestra de la arquitectura paisajística e hidráulica. El complejo está compuesto por doce impresionantes terrazas agrícolas (andenes) flanqueadas por muros de piedra perfectamente pulidos, pero su verdadero atractivo es el agua que fluye perpetuamente a través de sus estructuras.
Los incas canalizaron un manantial natural que brota de las profundidades de la montaña sagrada (Apu Pachatusan) y crearon un complejo sistema de acueductos, fuentes y cascadas escalonadas. La precisión de estos canales es tan sorprendente que el agua sigue corriendo hoy en día con el mismo caudal y la misma melodía que los emperadores incas escuchaban hace 500 años. El sitio funcionaba tanto como un laboratorio de experimentación agrícola para productos de diversas altitudes como un santuario ceremonial dedicado al culto del agua.
Unos kilómetros más adelante en la ruta se encuentra Piquillacta (que en quechua significa "Pueblo de Pulgas" o "Pueblo Pequeño", en referencia a la densidad de sus edificaciones). Este sitio ofrece un quiebre histórico fascinante: no es inca, sino Wari, una civilización que floreció en los Andes centrales entre los años 600 y 1000 d.C., mucho antes del auge del Tahuantinsuyo.
Piquillacta fue una inmensa metrópolis fortificada que sirvió como el principal centro administrativo y militar de los Wari en el sur del Perú. A diferencia de la arquitectura orgánica de los incas que se adapta a las curvas de las montañas, Piquillacta sorprende a los visitantes con su estricto diseño urbano geométrico y ortogonal. El complejo está compuesto por muros de piedra y barro de hasta 12 metros de altura que alguna vez albergaron cientos de viviendas de dos pisos, plazas, depósitos de alimentos (colcas) y calles perfectamente rectas que en su época estuvieron completamente enlucidas con yeso blanco.
El punto culminante del recorrido cultural del Valle Sur es el pintoresco y tradicional pueblo de Andahuaylillas, famoso por su plaza principal rodeada de gigantescos árboles de pisonay. Frente a esta plaza se erige la Iglesia de San Pedro Apóstol, construida por la orden jesuita a principios del siglo XVII sobre los cimientos de un templo inca.
Aunque su fachada exterior es de adobe, blanca y relativamente simple, cruzar su portal significa ingresar a un universo abrumador de arte y pan de oro. Es conocida mundialmente como la "Capilla Sixtina de América" debido a la riqueza artística que cubre cada milímetro de su interior:
Debido a su proximidad a la ciudad de Cusco, la excursión al Valle Sur es una actividad de medio día (que suele durar entre 4 y 5 horas en total). Tienes tres formas principales de realizarla cómodamente:
Para las dos primeras atracciones arqueológicas de este recorrido, se aplican las normas de acceso vigentes en la región imperial:
Ningún viaje al Valle Sur está completo sin hacer una parada estratégica para almorzar en los pueblos gastronómicos especializados que salpican la carretera:
Saylla: El templo indiscutible del chicharrón al estilo cusqueño (cerdo frito). A lo largo de la carretera, verás decenas de picanterías tradicionales donde se fríen enormes trozos de cerdo en gigantescas pailas de cobre con manteca natural. Se sirve acompañado de mote (maíz blanco tierno hervido), papas doradas, sarsa criolla (ensalada de cebolla y menta/hierbabuena) y un trozo de pan.
Tipón (Pueblo): Ubicado en la base del sitio arqueológico, este pueblo es famoso por ser la capital del Cuy al horno. Los restaurantes locales exhiben sus tradicionales hornos de barro de leña donde asan los cuyes, sazonados con huacatay y especias andinas.
Oropesa: Conocida como "La Capital Nacional del Pan". Si pasas por este pueblo, es obligatorio parar y comprar las famosas Chutas: panes gigantes, redondos y de un sabor ligeramente dulce y anisado, horneados en tradicionales hornos de piedra que los viajeros compran por docenas para llevar a casa.





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